Invasión

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Tanto visitante inesperado… se quejó ella.  Él la miró resignado. Tenía razón. Al principio se quedaban bajo el felpudo y bastaba con limpiarse los pies antes de entrar a casa para burlarlos.  Luego fueron colándose hasta la cocina y se interponían cuando él intentaba besarla al llegar. Empezó a evitar aquel terreno, tanto le importunaba verles sobre los hombros de ella convirtiendo las sonrisas en reproches. Pronto tomaron confianza y se instalaron en la sala, cubriendo de silencio las cenas y de discusiones el sofá. Era la primera vez que hablaban abiertamente de ellos. La noche anterior, lo habían echado de la cama. 

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