Volando

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Mientras su padre cerraba la tapa del contenedor con gesto adusto y resignado, Alicia dio un pequeño salto y despegó del suelo. El asfalto oscuro y mojado ya no enfriaba sus zapatillas rotas ni penetraba en su pequeño cuerpo aterido. Si la mano firme de su padre no hubiera sostenido la suya, se hubiera remontado por encima de los edificios ajenos hasta desaparecer. Se conformó con flotar, justificando así la ingravidez en su estómago.
– Ya encontraremos algo, mi niña – lo escuchó decir antes de abrir la siguiente tapa. Pero Alicia se sentía tan liviana, que sólo deseaba que su padre le soltara la mano para poder volar.

Castigo

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Mientras su padre cerraba la tapa del contenedor, Juan permaneció en silencio. Rafael se volvió y con una sola mirada supo qué estaba pensando Juan.
– Sí, en mi caso eran revistas, pero mi padre también me obligó a deshacerme de ellas
– Pero, papá…
– ¿Sabes lo que hice entonces? – preguntó echando una mirada furtiva a su esposa en el balcón – Regresé más tarde, antes de que pasara el camión…
Aquella noche, la calle se llenó de spam, de archivos no deseados, de publicidades, de virus desactivados. Fue necesario ensuciarse hasta los codos, pero justo a tiempo, Juan dio con sus whatsapps prohibidos y cuidadosamente, los recuperó.

Deshecho

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Mientras su padre cerraba la tapa del contenedor, Pablo apretó los ojos con fuerza.
–Ven aquí, chaval – pronunció el hombre con voz tranquila.
Pablo se acercó lo justo como para empezar a caminar a su lado. Las piernas le temblaron cuando su padre depositó una mano sobre su espalda, pero consiguió disimularlo. Como también disimuló la aprehensión que le causaban los dedos crueles sobre el hombro, la cercanía cómplice del hombre.
– ¿No has visto nada, verdad, chaval?
Pablo negó con la cabeza, con la voz, con el cuerpo entero. Y se sintió sucio, abominable, frío. Tan frío como el cuerpo de su madre abandonado en el contenedor

Sangre azul

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Nuestros mismos ojos, nuestras mismas manos, dos pies, un corazón, un cerebro… Como nosotros, Carlitos.
¿Y entonces como tienen sangre azul?
No tienen sangre azul, hijo. Es un modo de decir… ¿Acaso tú los ves distintos a ti o a mí?
Claro, dice con tono de sabelotodo. ¿No has escuchado lo que acaban de decir? La señora rubia. Que no se acuerda de nada. Como Dory, la amiga de Nemo que es azul. Si tienes sangre azul, no te llega bien al cerebro y todo lo olvidas.
Carlitos da por zanjado el tema cambiando de canal. Yo permanezco en silencio. Pensando en Nemo.

Invasión

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Tanto visitante inesperado… se quejó ella.  Él la miró resignado. Tenía razón. Al principio se quedaban bajo el felpudo y bastaba con limpiarse los pies antes de entrar a casa para burlarlos.  Luego fueron colándose hasta la cocina y se interponían cuando él intentaba besarla al llegar. Empezó a evitar aquel terreno, tanto le importunaba verles sobre los hombros de ella convirtiendo las sonrisas en reproches. Pronto tomaron confianza y se instalaron en la sala, cubriendo de silencio las cenas y de discusiones el sofá. Era la primera vez que hablaban abiertamente de ellos. La noche anterior, lo habían echado de la cama.